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The Conscious Constitution

Una propuesta para un nuevo paradigma constitucional: la sostenibilidad y una ciudadanía empoderada como columna vertebral.

Lo que se requiere es una nueva constitución con una nueva columna vertebral —una columna vertebral definida y descrita a través de un Gran Preámbulo, donde adoptemos de manera consensuada un nuevo paradigma de desarrollo, bienestar y transformación social: la sostenibilidad de nuestro desarrollo y transformación, con una ciudadanía empoderada. Una constitución declarativa: en sentido inverso.

Existen varias dimensiones que justifican este tipo de constitución consciente y declarativa: la destrucción masiva de la naturaleza; el surgimiento de la ciudadanía; la importancia de la identidad, la cultura y los valores, y la pérdida del mundo rural; la necesidad de una salida inmediata del sistema capitalista neoliberal; la importancia de lo local y la creación y fortalecimiento de comunidades; la inseparabilidad de lo ambiental, lo humano y lo social —"los problemas sociales se originan en el ambiente y los problemas ambientales tienen grandes consecuencias sociales"; la importancia de la humanidad como colectivo, más allá de la suma de individuos, pasando de un "yo" enfermizo y egocéntrico a un "nosotros"; y la gran relevancia de la espiritualidad, y el equilibrio necesario entre la materialidad y la espiritualidad, tanto a nivel micro como macro.

Sea cual fuere la nueva constitución, debe: (i) comprometerse con la construcción de una sociedad sostenible e intergeneracional, en todos sus sentidos; (ii) satisfacer las demandas y los desafíos de las personas más vulnerables; (iii) abarcar todas las necesidades y desafíos que enfrentan los niños, los jóvenes y las futuras generaciones; (iv) establecer un Estado plurinacional que ratifique la autonomía de los pueblos originarios; (v) incluir a todos los actores a través de una democracia deliberativa, en constante reforma y transformación.

Si individualmente tenemos un ser (alma), también debemos reconocer que tenemos un alma colectiva; esa es la diferencia entre país y nación. Una nación tiene alma. La constitución de una nación debe tener alma. Una constitución que además establezca los instrumentos que fortalecerán el empoderamiento individual y colectivo, externo e interno, material y espiritual de los ciudadanos. No se puede dejar de lado la reflexión sobre los mecanismos de participación ciudadana.

Sostenibilidad del desarrollo

No es un modelo reformista, sino un modelo con méritos propios

Lo que aquí se propone no es un modelo reformista, nacido de una corrección del modelo neoliberal o de un modelo socialista. Es un modelo con méritos propios, que incluye una dimensión feminista —el "feminismo" y el "ecofeminismo" como un cambio radical en relación con los paradigmas existentes—. El elemento unificador no es el mercado, la eficiencia económica tradicional o la competitividad desleal. El elemento unificador es la sostenibilidad y la participación ciudadana.

Esta no es una "Constitución Ecológica" en el sentido convencional, porque ese concepto requiere cambios paradigmáticos importantes, en particular, la autoconciencia de que la tierra y los animales no son "una cosa". La Tierra no es una colección de equilibrios materiales (recursos naturales físicos), sino una colección de diferentes formas de vida e inteligencias. Los intercambios con la naturaleza son intercambios de inteligencia y conciencia. Una constitución no es ideológicamente neutral, ni en sus valores ni en sus instrumentos. Un gran valor que debe incluirse en una Constitución Consciente es garantizar el bienestar material y espiritual de sus ciudadanos.

Pilares constituyentes

La Conciencia Colectiva

Comprender las relaciones de interdependencia requiere niveles más elevados de conciencia individual y colectiva. Una diferenciación importante entre las propuestas para una nueva constitución es el papel desempeñado por los ciudadanos: la participación directa y vinculante. Una constitución consciente exige la muerte del antropocentrismo: la economía y la sociedad nacen de manera natural a partir de la naturaleza. Donde la constitución actual antepone el crecimiento económico a la equidad, el elemento fundamental propuesto aquí es la equidad, no el crecimiento, y la conservación como principio fundamental, clave para gestionar lo político, lo económico y lo social. Una constitución consciente debe hacernos pasar de una sociedad organizada bajo el economismo, a un desarrollo basado en derechos: derechos civiles y políticos, derechos económicos, sociales y culturales, y el derecho al desarrollo. En este contexto, los derechos no pertenecen únicamente a los seres humanos: deben existir derechos de la naturaleza, de los animales y de todos los seres sintientes.

Los Valores

El vehículo más importante de una constitución consciente son los valores que la definen, y estos deben ser explícitos en su interior. Sin negar la importancia de ciertos valores individuales (no individualistas) como la libertad de expresión, los valores esenciales son los valores colectivos (no colectivistas): la gobernanza del bien común, de los bienes comunes nacionales y globales. Esto distingue a una constitución consciente de las propuestas políticas tradicionales que hablan del bien común solo como un residuo del bien privado, sin cambiar el sector privado en sí mismo. Una constitución consciente y un pacto sostenible no son solo una lista de causas; la suma de causas no da una constitución ni un pacto social. Varios principios guían las decisiones, incluso aquellas relativas a la asignación de recursos escasos: los principios de Conservación, Interdependencia, Todas las Formas de Vida, Espacial, Intertemporal, de Origen, Descentralización, Calidad de Vida, Propiedad Colectiva y Comunitaria, y Construcción Social.

Organizaciones Ciudadanas

El papel que deben desempeñar las organizaciones ciudadanas es vital. La implementación de políticas de sostenibilidad es imposible sin la participación activa de las organizaciones ciudadanas comunitarias y de base. Un pacto sostenible y una constitución consciente no pueden nacer, nutrirse u operar en un vacío ético: ética consciente.

Construyendo la nueva constitución

Quince cuestiones fundacionales

  1. La propiedad de nuestros recursos naturales y servicios ambientales. Todos nuestros recursos naturales y servicios ambientales fundamentales deben ser de propiedad pública, con el Estado como garante de estos derechos. El agua debe pertenecernos a todos, a diferencia de un derecho privado o estatal. Esto también debería aplicarse a disponer de aire limpio y a ser responsables de él.
  2. Los derechos de las generaciones futuras. Una constitución intergeneracional. Las generaciones futuras también tienen derechos. Parte de la jurisprudencia de esta propuesta se presenta en el documento “Nuestro futuro común” de Gro Brundtland. La responsabilidad de garantizar un futuro, al menos igual al de la presente generación, recae en manos del Estado y de todos aquellos que generan riqueza material en nuestra sociedad.
  3. Los derechos y la soberanía de nuestros pueblos originarios. Es inaceptable que una nueva constitución ignore a nuestros pueblos originarios. Es de fundamental importancia que se encuentren en el centro de esta constitución. Específicamente, debe declararse explícitamente la soberanía de estos pueblos y cómo las diferentes formas de soberanía se entrelazan adecuadamente con todos los aspectos de la nación.
  4. Los derechos de la naturaleza y la responsabilidad de su implementación. La nueva constitución debe entender a la naturaleza como un ser vivo y no como una “cosa”. La nueva constitución no puede terminar siendo homocéntrica. La naturaleza tiene derechos, y el respeto a dichos derechos permitirá a los ciudadanos crecer y desarrollarse en entornos sanos y adecuados.
  5. La conservación y la gestión sostenible de nuestros recursos naturales y del medio ambiente como valores fundamentales. Ejemplos de las tendencias que esto requiere: pasar de enfatizar únicamente la cantidad hacia la calidad del desarrollo; del extractivismo a la gestión y la conservación; de la competitividad sucia a la ecocompetitividad; de la mera competencia a la cooperación; del corto plazo a la consideración estructural del mediano y largo plazo; de la gestión a través del mercado o del Estado a la gestión integral por parte de los ciudadanos.
  6. La importancia del empoderamiento ciudadano y de una democracia participativa y deliberativa. Participación ciudadana directa. El futuro de una democracia radica en la participación directa y permanente de la ciudadanía. La sostenibilidad y el empoderamiento van de la mano, y la nueva constitución debe establecer los mecanismos humanos, institucionales, culturales, étnicos, espirituales y de empoderamiento involucrados.
  7. Ecocompetitividad. Responsabilidad por todos los impactos negativos en el ciclo de vida de los productos. La nueva constitución debe establecer el concepto de ecocompetitividad — una competitividad que internaliza todos los costos de las externalidades dentro del ciclo de vida de un proyecto o política, obligando a los productores a encontrar las tecnologías más adecuadas para respetar el medio ambiente.
  8. El compromiso con una alimentación sana y nuevas formas de agricultura. Agricultura ecológica, no transgénica. Algunos países desarrollados avanzan decididamente hacia una agricultura que contribuya a una alimentación sana, restringiendo en algunos casos el comercio internacional de productos no ecológicos para cumplir con objetivos internos.
  9. Ordenamiento territorial libre de “zonas de sacrificio”. Debe rechazarse la noción de “zona de sacrificio”, ya que la sostenibilidad no puede lograrse en una parte del territorio a expensas de otras. La participación ciudadana a nivel local y regional es decisiva para el desarrollo sostenible.
  10. La ecología humana integral y todas las formas de vida en nuestro país. La ecología y el ser humano deben integrarse como una unidad indivisible; dicha integración es interdependiente y debe respetar todas las formas de vida que habitan la naturaleza. La constitución debe adoptar el lema de “la ecología integral de todas las formas de vida”, no solo de la vida humana.
  11. La descentralización del país como elemento clave para la economía ciudadana sostenible. Nuestra riqueza, en todas sus expresiones posibles, depende de este proceso de descentralización — un país sostenible, descentralizado y ciudadano como el triángulo del desarrollo nacional.
  12. Una nueva política fiscal y tributaria: impuestos a los males y no a los bienes. El sistema de mercado neoliberal no cuenta con los mecanismos para corregir automáticamente la destrucción ambiental y ecológica. Los mercados deben ser intervenidos por los ciudadanos o el Estado, utilizando impuestos verdes y otros instrumentos fiscales para corregir las externalidades negativas.
  13. Los nuevos conceptos de bienestar. Valores colectivos y espirituales. Deben hacerse explícitas las nuevas definiciones de lo que constituye el bienestar, con el fin de evaluar en qué medida las intervenciones contribuyen a él — seguridad, integración, inclusión, protección, felicidad y bienestar espiritual.
  14. Justicia redistributiva y justicia ecológica: fundamentos de la equidad. El deterioro ecológico y ambiental generalmente no se origina en las personas pobres; sin embargo, por lo general son las personas pobres quienes viven en los entornos más degradados. Esta diferencia entre los actores involucrados en el origen y quienes sufren la incidencia ha creado grandes injusticias redistributivas — la base de la “justicia ecológica”.
  15. Una economía sin vacío ético: hacia una nueva ecomoralidad y economía. La constitución debe dejar claro que el sistema económico no puede implementarse en un vacío ético o moral, estableciendo principios de ecomoralidad junto con un principio de precaución.
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